miércoles, 13 de mayo de 2009

Ciruja de los recuerdos

Eduardo era un tipo común, o eso parecía. Tenia un buen pasar económico, una familia agradable, una esposa que lo respetaba y dos hijos que lo hacían sentir orgulloso. Un hombre simple, sin demasiadas ambiciones según la mirada tradicional burguesa. Noble en sus sentimientos, Dardo -como lo llamaban sus intimos- tenia cierto hobby inquietante para los desprevenidos: durante las tardes luego del trabajo, se entregaba a la exploración de cuanta bolsa de residuos encontraba por la calle. Era, si, un ciruja. Pero partiendo de su aspecto, quedaba claro que no era un ciruja común. No tenia interés en chatarra o cartones. No perseguía ningún fin económico. Su objetivo era salvar aquellos papeles u objetos que por su antiguedad o por su valor afectivo pudieran perderse para siempre en un cumulo de basura, tal vez por ignorancia o desinterés del dueño original. Los volquetes eran su debilidad. Y donde había una demolición, se lo veía a la espera de los escombros. Ejercía ese trabajo con el mismo entusiasmo con que los domingos se desempeñaba como numero cuatro jugando en el potrero del barrio. Fútbol, otra de sus pasiones.

Así pues, su casa se lleno de boletas antiguas, fotos de viejos desconocidos dueños de una sonrisa familiar, mapas de quien sabe que construcción de antaño, muñecos de porcelana y propagandas de negocios que tal vez solo existían en esa publicidad. De una manera u otra esos elementos lo identificaban y a la vez, le habían valido cierta fama, por la simpatía que despertaba la seriedad con que realizaba ese trabajo. Y la amabilidad de exhibir sus tesoros a quien se lo pidiera. No era, como ya dijimos, un tipo común.

Cierta noche recorría las calles de manera casi rutinaria. Estando a media cuadra de su casa miró una bolsa sospechosa y la tocó tratando de intuir su contenido. Le pareció mas que suficiente con lo que imaginó y decidió abrirla. Sacó algunos cartones y unas botellas sucias. Revolvió hasta el fondo donde palpó una superficie que le pareció rara. Sonrió. El tacto, bastante entrenado, le estaba avisando que había encontrado una foto. La saco ansioso y al observar la foto se quedo sin aire: en el retrato estaba él mismo, risueño cuando apenas tenia seis años. Durante breves segundos examino con mas sorpresa que atención aquella imagen. Se recupero y abrió nuevamente la bolsa. A su vista, se exhibía en perfecto estado el boletín de sexto grado, aquel que lo mencionaba como alumno destacado.

Siguió revisando y desde del fondo de la bolsa surgió la bolita puntera, aquella que perdió durante una tarde en el descampado. Mas allá estaba el collar de Pancho, su can confidente y amigo durante la adolescencia. Movió mas la bolsa y cayó al piso la primera declaración de amor, que traía adosado con un clip el primer desengaño. Detrás, la pelota que una tarde reventó en un potrero y el yo-yo que perdió en su primera mudanza. Sacó además de aquella bolsa, la alianza de sus padres, su libro de catesismo y un coche relleno de macilla. La entrada del boliche donde conoció a su esposa, el disco que escuchaba para dormir durante las tormentas y el triciclo que recibió una noche de Reyes. Se reencontró con un beso robado al azar detrás del un manzano y la niña de ojos grises que huía avergonazada. El envoltorio de un alfajor que comió a la sombra de un pino una tarde de junio y el pote de espuma con que rociaba a las chicas en carnaval. Encontró su chupete y el saquito que por las mañanas los abrigaba en el colegio. Sacó además una bufanda azul, unos zapatos de charol, tres caramelos media hora y se vio el mismo llorando, por el descubrimiento milagroso que acababa de ocurrir.

Cerro la bolsa apremiado por la emoción y corrió abrazándola como a un tesoro. Entró al garaje de su casa y prendió la luz eutomáticamente. Tiro al suelo algunos libros que había sobre el escritorio y volcó todo el contenido de la bolsa. Sobre la mesa cayeron latas, restos de vegetales y algunos diarios apenas legibles.


(dedicado a Daniel, Chanchi, quien es la envidia de Peter Pan
y uno de los mejores amigos con los que se pueda contar)

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